Del Parque
Natural de las
sierras de Cazorla,
Segura y las
Villas es
de donde nace
el agua que atraviesa Andalucía, de
alli nace el río
grande de
los árabes,
el Guadalquivir para
finalmente acabar
en el Atlántico.
Pero también
nace el río
Segura que
riega con sus
aguas el Mediterráneo.
Un nudo hidrológico
que va conformando
una orografía
laberíntica
y desigual, donde
el paisaje se
vuelve cada vez
más húmedo
y da lugar a
auténticos
corredores de
vegetación. El Parque
Natural de las
Sierras de Cazorla,
Segura y las
Villas es
el espacio protegido
de mayor superficie
en toda España, con
214.336 hectáreas.
Visitar
la ciudad de Úbeda es
trasladarse en
el tiempo y viajar
a otras épocas.
Su importante pasado
ha dejado en la
ciudad huellas
imborrables de
su esplendor de
antaño.
Durante el Renacimiento, Úbeda alcanzó su
plenitud y sus
calles y plazas
se fueron llenando
de Palacios,
Conventos, Murallas
y Casas Señoriales. Úbeda, considerada
como uno de los
más sensacionales
conjuntos renacentistas
se Europa,
se nos ofrece erguida
de palacios y torres
para invitarnos
a la esplendidez
exquisita de un
pasado culto y
cortesano. Es esta
una ciudad que
ha merecido los
mas variados calificativos: “Úbeda
asombrosa”, “Úbeda
reina mora”, “Úbeda
recatada”… Pero,
sobre todo, Úbeda es
una ciudad admirable,
incapaz de dejar
impasible al más
frío y exigente
de sus visitantes.
Úbeda y Baeza,
situadas en pleno
corazón
de Jaén,
muestran todo el
esplendor del Renacimiento
de Andalucía de
los siglos XVI
y XVII. Son un
ejemplo único
de la introducción
de los cánones
renacentistas en España, como
tendrá oportunidad
de comprobar recorriendo
sus calles cuajadas
de iglesias,
palacios y casas
señoriales.
Un modelo urbanístico,
de claras influencias
italianas, que
nuestra tierra
dotó de
características
propias antes de
exportarlo a Latinoamérica
en el periodo colonial.
Baeza se
alza sobre un pequeño
promontorio, dominando
un paisaje de olivares,
en plena comarca
de La Loma. Declarada
conjunto histórico-artístico,
posee un increíble
legado renacentista,
donde la piedra
labrada contrasta
con el caserío
encalado. La magnífica
colección
de sus monumentos
de muy diversas épocas
y estilos representa
el más alto
exponente de este
testimonio. Baeza perdió su
poderoso Alcázar y
en el pasado siglo
desaparecieron
no pocos edificios
históricos,
sin embargo, el
número y
entidad de los
que puede ofrecer
a la admiración
del forastero es
más que
suficiente para
merecer el título
de Ciudad
Monumental